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Sé que ciertas mentes considerarían audaz la idea de relacionar las leyes que presiden el juego de nuestros órganos con las leyes que gobiernan los cuerpos inanimados; pero, aunque novedosa, esta verdad es, no obstante, incontestable. Sostener que los fenómenos de la vida son enteramente distintos de los fenómenos generales de la naturaleza es cometer un grave error, es oponerse al progreso continuo de la ciencia.