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Un hombre convencido de su propio mérito aceptará la desgracia como un honor, pues así podrá persuadir a los demás, así como a sí mismo, de que es un blanco digno para las flechas del destino.
Un hombre convencido de su propio mérito aceptará la desgracia como un honor, pues así podrá persuadir a los demás, así como a sí mismo, de que es un blanco digno para las flechas del destino.