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Hay otra manera de llevar a la práctica esta idea de misericordia y caridad desinteresada; es decir, considerando el trabajo como "adoración" en el caso de que creamos en un Dios Personal. Aquí entregamos todos los frutos de nuestro trabajo al Señor, y adorándole así, no tenemos derecho a esperar nada del género humano por el trabajo que realizamos.