-
Ninguna civilización puede crecer a menos que cesen los fanáticos, el derramamiento de sangre y la brutalidad. Ninguna civilización puede empezar a levantar cabeza hasta que nos miremos caritativamente unos a otros; y el primer paso hacia esa caridad tan necesaria es mirar caritativa y amablemente las convicciones religiosas de los demás. Más aún, comprender que no sólo debemos ser caritativos, sino positivamente serviciales los unos con los otros, por muy diferentes que sean nuestras ideas y convicciones religiosas.