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  • Espero que no perdamos el verdadero objetivo de nuestras preciadas oportunidades de servir. Ese objetivo, esa meta eterna, es la misma de la que habló el Señor y que se encuentra en la Perla de Gran Precio: "Porque he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre". Que recordemos siempre que el manto de ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es un manto de comodidad, sino más bien un manto de responsabilidad. Nuestro deber, además de salvarnos a nosotros mismos, es guiar a los demás al reino celestial de Dios.