-
Una de las cosas más bonitas de las hijas es cómo te adoraban cuando eran pequeñas; cómo se abalanzaban a tus brazos con una alegría eléctrica y te exigían que vieras todo lo que hacían y escucharas todo lo que decían. Esos recuerdos te ayudarán en los momentos menos alegres, cuando su adoración se vea sustituida por la vergüenza o el enfado y no quieran que veas lo que hacen o escuches lo que dicen. Y aun así, adorarás a tu hija todos los días de su vida, con la esperanza de que te vuelvan a valorar, pero dándote cuenta de lo afortunada que fuiste aunque sólo consigas lo que ya conseguiste.