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Las ofrendas para propiciar a los muertos se consideraban entonces como pertenecientes a la clase de sacrificios funerarios, y éstos son idolatría. La idolatría, de hecho, es una especie de homenaje a los difuntos, tanto lo uno como lo otro es un servicio a los hombres muertos. Además, los demonios habitan en las imágenes de los muertos. ... este tipo de exhibición ha pasado de los honores a los muertos a los honores a los vivos; quiero decir, a las cuestorías [supervisores financieros] y a los magistractos, a los oficios sacerdotales de diferentes clases. Sin embargo, puesto que la idolatría todavía se adhiere al nombre de la dignidad, todo lo que se hace en su nombre participa de su impureza.