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Recuerdo con gran emoción a las familias que se unieron a nuestro movimiento y pagaron cuotas mucho antes de que hubiera alguna esperanza de conseguir contratos. A veces, padres y madres sacaban dinero de sus escasos presupuestos para alimentos sólo porque creían que los trabajadores agrícolas podían y debían construir su propio sindicato. Recuerdo que entonces pensé que con un espíritu así... teníamos que ganar. Ninguna fuerza sobre la tierra podría detenernos.