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  • Es el omnipresente torrente de agua lo que confiere a los Jardines del Este su carácter peculiar. Desde el Anio, extraído de la ladera con un coste y un trabajo incalculables, miles de riachuelos bajan a borbotones, terraza tras terraza, encauzando las barandillas de piedra de los balaustres, saltando de escalón en escalón, goteando en caracolas musgosas, brotando en rocío de los cuernos de dioses marinos y las fauces de monstruos míticos, o forzándose en un desbordamiento incontenible por las orillas cubiertas de hiedra.