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Hacia medianoche la niebla volvió a cerrarse más densa que antes. Casi se podía "estar de pie sobre ella". Continuó así durante varios días, y el viento aumentó hasta convertirse en un vendaval. Las olas subían mucho, pero yo tenía un buen barco. Aun así, en la lúgubre niebla me sentía a la deriva en la soledad, un insecto sobre la paja en medio de los elementos.