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  • La mayoría de los hombres experimentan el envejecimiento con pesar, con aprensión. Pero la mayoría de las mujeres lo experimentan de forma aún más dolorosa: con vergüenza. Envejecer es el destino de un hombre, algo que debe suceder porque es un ser humano. Para una mujer, envejecer no es sólo su destino... también es su vulnerabilidad.