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  • Durante mucho tiempo me parecieron ridículas las celebridades de la pintura y la poesía modernas. Me encantaban los cuadros absurdos, los focos, los decorados, las telas de los montañeses, los letreros de las posadas, las estampas baratas; la literatura pasada de moda, el latín eclesiástico, los libros pornográficos mal escritos, las novelas de las abuelas, los cuentos de hadas, los libritos para niños, las óperas antiguas, los estribillos vacíos, los ritmos sencillos.