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Muchos malos golfistas se casan, pensando que la solicitud cariñosa de una esposa puede mejorar su juego. Pero son hombres rudos, de piel gruesa, no sensibles e introspectivos. Uno de los principales méritos del golf es que el no tener éxito en el juego induce a una cierta cantidad de humildad decente, que evita que un hombre se envanezca demasiado con cualquier triunfo insignificante que pueda lograr en otros ámbitos de la vida.