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La fuerza bruta aplasta muchas plantas. Sin embargo, las plantas vuelven a levantarse. Las pirámides no durarán ni un instante comparadas con la margarita. Y antes de que Buda o Jesús hablaran, el ruiseñor cantaba, y mucho después de que las palabras de Jesús y Buda hayan caído en el olvido, el ruiseñor seguirá cantando. Porque no predica, ni ordena, ni exhorta. Sólo canta. Y al principio no era una palabra, sino un gorjeo.