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Cualquier objeto que no sea interesante en sí mismo puede volverse interesante al asociarse con un objeto por el que ya existe interés. Los dos objetos asociados crecen, por así decirlo, juntos; la parte interesante desprende su cualidad sobre el conjunto; y así las cosas que no son interesantes por sí mismas adquieren un interés que llega a ser tan real y tan fuerte como el de cualquier cosa nativamente interesante.