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Yo soy el hacedor de mi propia fortuna, y ¡Oh! que pudiera hacer la de mi Pueblo Rojo, y la de mi país, tan grande como las concepciones de mi mente, cuando pienso en el espíritu que gobierna el universo. No acudiría entonces al gobernador Harrison para pedirle que rompiera el tratado y borrara el mojón, sino que le diría: "Señor, tiene usted la libertad de regresar a su propio país."