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Imagina ahora a un hombre que se ve privado de todos los que ama, y al mismo tiempo de su casa, de sus hábitos, de su ropa, en fin, de todo lo que posee: será un hombre hueco, reducido al sufrimiento y a las necesidades, olvidadizo de la dignidad y del comedimiento, pues quien todo lo pierde, a menudo se pierde a sí mismo.