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  • La violencia siempre derrota sus propios fines. Donde no se puede conducir siempre se puede persuadir. Una palabra gentil, una mirada amable, una sonrisa divina pueden hacer maravillas y milagros. Hay un orgullo secreto en cada corazón humano que se rebela ante la tiranía. Puedes ordenar y conducir a un individuo, pero no puedes hacer que te respete.