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No es asunto del gobierno hacer a los hombres virtuosos o religiosos, o preservar al tonto de las consecuencias de su propia locura. El gobierno no debe ser represivo más allá de lo necesario para asegurar la libertad protegiendo la igualdad de derechos de cada uno frente a la agresión de los demás, y en el momento en que las prohibiciones gubernamentales se extienden más allá de esta línea corren el peligro de frustrar los mismos fines a los que pretenden servir.