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Cuestiona con audacia incluso la existencia de un Dios; porque, si hay uno, debe aprobar más el homenaje de la razón, que el del miedo con los ojos vendados.... No te asustes de esta indagación por temor a sus consecuencias. Si termina en la creencia de que no hay Dios, encontrarás incitaciones a la virtud en la comodidad y el placer que sientas en su ejercicio.