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La afición al poder está implantada en la mayoría de los hombres, y es natural abusar de él cuando se adquiere. Esta máxima, extraída de la experiencia de todas las épocas, hace que sea el colmo de la insensatez confiar a cualquier grupo de hombres un poder que no esté bajo todo el control posible; se dan pasos perpetuos en pos de más mientras haya alguna parte retenida.