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El tipo más dulce de cielo es el hogar; es más, el cielo es el hogar por cuya adquisición debemos esforzarnos con más ahínco. El hogar, de una forma u otra, es el gran objeto de la vida. Se yergue al final de la labor de cada día y nos llama a su seno; una vida carecería de alegría y sentido si no vislumbráramos, a través del río que nos separa de la vida del más allá, las agradables mansiones preparadas para nosotros.