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  • El orgullo es el interruptor que apaga el poder del sacerdocio. La humildad es el interruptor que lo enciende... . Algunos suponen que la humildad consiste en castigarnos a nosotros mismos. La humildad no significa convencernos de que no valemos nada, que no tenemos sentido o que somos de poco valor. Tampoco significa negar o retener los talentos que Dios nos ha dado. No descubrimos la humildad pensando menos de nosotros mismos; descubrimos la humildad pensando menos en nosotros mismos. La humildad surge cuando trabajamos con una actitud de servicio a Dios y al prójimo.