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  • El hombre no es un animal acuático, pero desde que nos quedamos maravillados de jóvenes junto a un arroyo primaveral hasta que nos sentamos en la vejez a contemplar el infinito vaivén del mar, sentimos un fuerte parentesco con las aguas de este mundo.

    Hal Borland (1946). “An American year: country life and landscapes through the seasons”, New York