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  • No vengo a este púlpito con la esperanza de que tal vez alguien vuelva a Cristo por su propia voluntad. Mi esperanza es otra. Espero que mi Maestro se apodere de algunos de ellos y les diga: "Tú eres mío, y serás mío. Te reclamo para mí". Mi esperanza surge de la gratuidad de la gracia, y no de la libertad de la voluntad.