-
El niño piensa en envejecer como una calamidad casi obscena, que por alguna misteriosa razón nunca le sucederá a él. Todos los que han superado la treintena son grotescos sin alegría, preocupándose sin cesar por cosas sin importancia y manteniéndose vivos sin, por lo que el niño puede ver, tener nada por lo que vivir. Sólo la vida infantil es vida de verdad.