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Recurrir a los propios recursos es arrojarse al regazo mismo de la fortuna, porque nuestras facultades experimentan entonces un desarrollo y despliegan una energía de la que antes eran insospechadas.
Recurrir a los propios recursos es arrojarse al regazo mismo de la fortuna, porque nuestras facultades experimentan entonces un desarrollo y despliegan una energía de la que antes eran insospechadas.