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A veces tememos llevar nuestros problemas a Dios, porque deben parecer pequeños a Aquel que está sentado en el círculo de la tierra. Pero si son lo suficientemente grandes como para vejar y poner en peligro nuestro bienestar, son lo suficientemente grandes como para tocar Su corazón de amor. Porque el amor no mide con la balanza de un mercader, ni con la cadena de un agrimensor. Tiene una delicadeza... desconocida en cualquier manejo de sustancia material.