Autores:
  • Cuando se trata de satisfacer nuestros apetitos espirituales, no existen los excesos. Dios no nos impone restricciones. No hay reglas de templanza, ni leyes que exijan moderación, ni límites más allá de los cuales no podamos disfrutar de Él. Nunca necesitamos detenernos a preguntar si hemos cruzado una línea o nos hemos vuelto demasiado indulgentes. Nunca debes temer sentirte demasiado bien con Dios.