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Una de las cosas buenas de un verdadero matrimonio es que hay una cara en la que los cambios se producen sin que los veas; o más bien hay una cara que todavía puedes ver igual, a través de todas las sombras que los años han acumulado sobre ella.
Una de las cosas buenas de un verdadero matrimonio es que hay una cara en la que los cambios se producen sin que los veas; o más bien hay una cara que todavía puedes ver igual, a través de todas las sombras que los años han acumulado sobre ella.