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Ella viene, la mía, mi dulce;
Si alguna vez la pisara con aire,
Mi corazón la oiría y latiría,
Si fuera tierra en un lecho terrenal;
Mi polvo la oiría y latiría,
Si hubiera yacido muerto durante un siglo;
se sobresaltaría y temblaría bajo sus pies,
y florecería en púrpura y rojo.