-
Las mentiras más crueles se dicen a menudo en silencio. Un hombre puede haberse sentado en una habitación durante horas sin abrir los dientes, y sin embargo salir de ella convertido en un amigo desleal o en un vil calumniador. ¿Y cuántos amores han perecido porque, por orgullo, o rencor, o desconfianza, o esa vergüenza poco varonil que impide a un hombre atreverse a traicionar una emoción, un amante, en el punto crítico de la relación, no ha hecho más que agachar la cabeza y callarse?