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  • No estoy ciego ante los defectos de nuestro propio pueblo. No ignoro que los dirigentes traicionan, se venden y juegan en falso. Pero este conocimiento no compensa el hecho de que mi clase, la clase obrera, es explotada, empujada, combatida con el arma del hambre, con armas de fuego y con tribunales venales cada vez que lucha por unas condiciones más humanas, más civilizadas para sus hijos, y para los hijos de sus hijos.