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  • Conozco bien la desesperación de superar una tentación crónica. No es grave, siempre que la petulancia autoinfligida, el fastidio por batir récords, la impaciencia, etc., no se impongan. Ninguna cantidad de caídas nos deshará realmente si seguimos levantándonos cada vez... Lo único fatal es perder los estribos y rendirse.