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Como se ve a un río pasar al océano, perderse en él, distinguirse su agua por un tiempo de la del mar, hasta transformarse gradualmente en el mismo mar, y poseer todas sus cualidades; así mi alma se perdió en Dios, que le comunicó sus cualidades, habiéndola sacado de todo lo que tenía de propio. Su vida es una inocencia inconcebible, que no conocen ni comprenden los que todavía están encerrados en sí mismos o sólo viven para sí.