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Nadie puede presumir de ser inmune al espíritu de su época, ni siquiera de comprenderlo plenamente. Independientemente de nuestras convicciones conscientes, cada uno de nosotros, sin excepción, al ser una partícula de la masa general, está en algún lugar unido, teñido o incluso socavado por el espíritu que atraviesa la masa. La libertad sólo se extiende hasta los límites de nuestra conciencia.