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Como la muerte, cuando la consideramos detenidamente, es el verdadero objetivo de nuestra existencia, en los últimos años he establecido relaciones tan estrechas con este mejor y más verdadero amigo de la humanidad que la imagen de la muerte ya no sólo no me aterroriza, sino que me tranquiliza y consuela, y doy gracias a Dios por haberme concedido la oportunidad... de aprender que la muerte es la llave que abre la puerta de nuestra verdadera felicidad.