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Cada error no corregido y cada pecado no arrepentido es, por derecho propio, una fuente de nuevos errores y nuevos pecados que fluyen hasta el fin de los tiempos.
Cada error no corregido y cada pecado no arrepentido es, por derecho propio, una fuente de nuevos errores y nuevos pecados que fluyen hasta el fin de los tiempos.