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  • Annabeth no quería dormir, pero su cuerpo la traicionó. Sus párpados se volvieron de plomo. "Percy, despiértame para la segunda guardia. No te hagas el héroe". Él le dedicó esa sonrisa burlona que ella había llegado a amar. "¿Quién, yo?" La besó, con los labios resecos y febrilmente calientes. "Duerme.