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  • Había un ambiente de magia y frenesí en la habitación. Los remolinos cristalinos de azúcar y harina seguían flotando en el aire como colas de cometa. Y luego estaba el olor: el olor de la esperanza, el tipo de olor que trae a la gente a casa.

    Sarah Addison Allen (2010). “The Girl Who Chased the Moon: A Novel”, p.37, Bantam