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Las horas pasan como minutos. El desorden acumulado de la existencia cotidiana -los lapsus de conciencia, las facturas impagadas, las oportunidades desaprovechadas, el polvo bajo el sofá, la ineludible prisión de tus genes- todo ello se olvida temporalmente, desplazado de tus pensamientos por una abrumadora claridad de propósito y por la seriedad de la tarea que tienes entre manos.