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Durante un segundo, dos segundos, habían intercambiado una mirada equívoca, y ése era el final de la historia. Pero incluso eso fue un acontecimiento memorable, en la soledad encerrada en la que había que vivir.
Durante un segundo, dos segundos, habían intercambiado una mirada equívoca, y ése era el final de la historia. Pero incluso eso fue un acontecimiento memorable, en la soledad encerrada en la que había que vivir.