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Sólo Dios puede darnos un amor desinteresado por los demás, ya que el Espíritu Santo nos cambia desde dentro. Esta es una de las razones por las que debemos recibir a Cristo, pues separados de su Espíritu nunca podremos liberarnos de las cadenas del egoísmo, los celos y la indiferencia. ¿Verán otros el amor de Cristo en tu vida hoy?