-
Aunque hoy en día es de dominio público, nunca deja de sorprenderme que toda la riqueza de nuestra vida mental -todos nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros pensamientos, nuestras ambiciones, nuestra vida amorosa, nuestros sentimientos religiosos e incluso lo que cada uno de nosotros considera su yo íntimo privado- sea simplemente la actividad de estas pequeñas motas de gelatina en tu cabeza, en tu cerebro. No hay nada más.