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  • No es cierto que el destino se cuele silenciosamente en nuestras vidas. Entra por la puerta que hemos abierto, y nosotros le invitamos a entrar. Nadie es lo bastante fuerte ni lo bastante astuto para evitar con palabras u obras la desgracia que está arraigada en las leyes de hierro de su carácter y de su vida.