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Hace mucho, mucho tiempo, como en la década de 1990, si querías decirle a todo el mundo que desayunabas gofres, no podías simplemente entrar en Internet y tuitearlo. Solo había una forma de hacerlo. Tenías que salir a la calle y gritar a pleno pulmón: "¡He desayunado gofres!". Por eso tanta gente acabó en instituciones. Parecían locos, pero cuando lo piensas, estaban adelantados a su tiempo.