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El arrepentimiento crece a medida que crece la fe. No te equivoques; el arrepentimiento no es cosa de días y semanas, una penitencia temporal que hay que superar lo más rápidamente posible. No; es la gracia de toda una vida, como la fe misma. Los hijitos de Dios se arrepienten, y lo mismo hacen los jóvenes y los padres. El arrepentimiento es el compañero inseparable de la fe.