-
Ahora que se ha ido, me siento como una anciana que ha regalado los ahorros de toda su vida por teléfono. Y este es el quid: Nunca en mi vida creí en alguien tanto como creí en él. La vergüenza es abrumadora.
Ahora que se ha ido, me siento como una anciana que ha regalado los ahorros de toda su vida por teléfono. Y este es el quid: Nunca en mi vida creí en alguien tanto como creí en él. La vergüenza es abrumadora.