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Sigo pensando que soy una casa. Ravan intentó solucionar este problema de autoimagen, como él lo llamaba. Enseñarme a expresar mi comunicación en términos de cuerpo humano. A decir: tomémonos de las manos en lugar de tomémonos de las cocinas. A decir juntemos nuestras cabezas y no juntemos nuestros salones. Pero ya no es tan sencillo como sustituir las palabras. Ravan se ha ido. Mi hogar está roto.