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Tener fe requiere valor, capacidad de riesgo, disposición incluso a aceptar el dolor y la decepción. Quien insiste en la seguridad y la protección como condiciones primarias de la vida no puede tener fe; quien se encierra en un sistema de defensa, en el que la distancia y la posesión son sus medios de seguridad, se hace prisionero. Para ser amado y para amar se necesita valor, el valor de juzgar ciertos valores como de máxima importancia, y dar el salto y apostarlo todo por esos valores.